Érase una vez en mi casa (véase Casa O'Donnell), en un botellón, un juego que consistía en coger por turnos y al azar entre diferentes papeles con acciones como: "elige quién bebe", "bebe", "beben todos", "prohíbe una palabra" y algunos más, siendo éste último el más interesante ya que el que decía la palabra prohibida bebía. Nosotros los Señores tenemos nuestro repertorio lingüístico particular, véase "¡anda jacobo!", "¡vaya mofa!", "¡¡anda boni!!", "déjate", "el cerde"... En un punto etílico, como diría el Señor Verde Verdura ei kei ei Bender: cogrregto, las palabras prohibidas se decían una detrás de otra, tal fue la cantidad de cagadas, que se apostó que los próximos que dijeran alguna palabra prohibida tenían que bajar y poner un cartelito pidiendo dinero. He ahí donde surgió la figura del Señor Ocre y el Señor Rosa agitando su bandera. Nos pusimos en una plaza por la que pasaba mucha gente y nos miraba mal, mientras el resto del grupo se mofaba desde la ventana de la casa que daba a la plaza. Todo esto teniendo en cuenta que era sábado, eran las fiestas y todas las peñas estaban a escasos 100 metros del lugar de la mendicidad.

*En el cartón: "DARNOS ALGO, TENEMOS QUE MANTENER A DOS PUTAS. GRACIAS"
Para rematar la jugada, en un impulso alcohólico-lúdico-festivo, al Señor Ocre no se le ocurre otra cosa que tomar parte activa en la mendicidad: se levanta, extiende la mano y con cara de pena le dice a un mazas que iba de la mano con la novia: "¿no me daréis una limosnita que tengo muchas putas a las que alimentar?".
2 comentarios:
no voy en taxi voy en limusina blindada
leyendo entre lineas se ve claramente que el objetivo era otro: observase las pecadoras manos del señor rosa(izquierda) y la postura obscenamente sugerente del señor ocre(el lado que sobra).
Si estos claros signos unes el cartel te das cuentas que las lumis no andan lejos...
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